rescate aéreo

28 06 2011



Parece una fantasía de película. Y lo cierto es que apareció en una. Hablamos de la idea de recoger a una persona desde el suelo y subirla “en marcha” a un avión que vuela a baja altura. ¿No resultaría herida por el cambio brusco de velocidad? ¿Cómo podría soportar la aceleración? Parecen problemas irresolubles pero la motivación generada por la guerra fría y la imaginación de algunos inventores fue capaz de superarlos.
El primer paso consistió en averiguar si era posible sin (intentar) saltarse las leyes de la física. Para el avión no hay ningún problema. Mientras su masa sea muy superior al objeto recogido, puede mantener suficiente velocidad para seguir volando sin entrar en perdida y caer. Tampoco hay problema desde el punto de vista de los materiales. Un cable de acero o de material sintético puede resistir una fuerza equivalente al peso de muchas toneladas o, lo que es igual, la masa de una persona que sufre una aceleración tan fuerte como para poner en riesgo su vida.
Una vez comprobado que no es imposible, lo que queda es un “simple” problema de ingeniería. Básicamente, desarrollar un dispositivo que enganche y eleve a una persona sin que el impacto y la aceleración lo hieran o maten. Para simplificar el problema, mejor empezar con algo más ligero, pequeño y resistente que una persona.
En 1920, Lytle S. Brown desarrollo un sistema para recoger el correo desde un avión. Su sistema fue perfeccionado posteriormente por la empresa “All American Aviation”. El dispositivo de recogida consistía en un par de postes unidos por un cable horizontal del que colgaba una saca con el correo que debía recoger el avión. Veinte años después, la segunda guerra mundial estaba en su apogeo. Rescatar espías y soldados escondidos tras las líneas enemigas era un problemas muy real y frecuente. Descartados los frágiles y primitivos helicópteros, alguien sugirió utilizar la misma técnica con personas.
Los primeros ensayos con maniquíes e inocentes ovejas sirvieron para probar el sistema y medir aceleraciones de 17g en el momento de la recogida. Soportables pero muy cerca del límite humano. Tras algunas modificaciones en soportes y arneses la aceleración se redujo a 7g que es un nivel elevado pero perfectamente aceptable durante un intervalo breve. Y llego el momento de probarlo en humanos como se ve en el siguiente vídeo.
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Personalmente, sigo dudando sobre que es más peligroso. Ser recogido con un cable es suficientemente malo. Pero un avión pasando en vuelo rasante sobre mi cabeza puede ser aún peor. Cualquier golpe de viento o un pequeño fallo del piloto y aumentaría el número de personas a rescatar. O de cadáveres. Tal vez por eso, el sistema se consideró posible pero demasiado peligroso y apenas fue utilizado.
Nuestra historia nos lleva a saltar otros 10 años. A principios de los 50, la península de Corea esta en guerra y hay quien sospecha que el enfrentamiento entre los Estados Unidos y China es inevitable. Es el momento para que aparezca un inventor obsesionado con la idea de rescatar a aviadores perdidos. Robert Edison Fulton Jr. era un pariente lejano del diseñador del primer barco de vapor comercial. Él mismo era un inventor con numerosas patentes y diseños. Entre ellos, el “Airphibian”, un híbrido entre automóvil y avioneta que consiguió todas las autorizaciones para volar pero no la financiación para construirse en serie.
Este desarrollo le hizo reflexionar sobre como podría rescatar a un usuario del “Airphibian” si su vehículo lo dejaba tirado en un lugar inaccesible. Aunque conocía los diseños anteriores pensó que era necesario algo más sencillo y seguro. Y, cuando consiguió un diseño prometedor, se puso en contacto con la recién nacida CIA. Después del ejercito, ellos eran los que mas interés tenían en infiltrar personal que luego quería recuperar de forma discreta y, preferiblemente, ilesos.
El sistema recibió varios nombres, “Skyhook”, STARS (“Surface To Air Recovery System), o, simplemente, sistema Fulton. El cambio fundamental se produjo en la forma de enganche. Un pequeño globo de helio se elevaba arrastrando un cable-guía. El avión localizaba el globo y lo enganchaba mediante unos “cuernos” especiales situados en su morro. Este dispositivo liberaba el globo pero mantenía sujeto el resto del cable y amortiguaba la aceleración de la recogida. Otros cables adicionales protegían las alas y el resto del avión para evitar accidentes. No hay que olvidar que los globos-barrera con cables eran utilizados para derribar aviones durante la segunda guerra mundial. Ahora, el riesgo para avión y pasajero estaba más igualado. Lo mejor es ver otro vídeo con su funcionamiento real.
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¿Serviría para personas? Sí, y sin ningún problema. La aceleración no era muy distinta al impacto que se sufre al abrir un paracaídas. Tras algunos ensayos, y como era de esperar, su primer uso fue el espionaje. Los norteamericanos localizaron una estación militar polar que los soviéticos se habían visto forzados a abandonar.
En la denominada operación “Coldfeet”, dos agentes fueron lanzados en paracaídas sobre el hielo, analizaron la tecnología antisubmarina utilizada en la base y fueron recuperados mediante el sistema “Skyhook”. La recogida se realizó a pesar de los fuertes vientos que arrastraban el globo y a los pasajeros. Imagino que la situación fue mucho más peligrosa que la recogida en esta práctica.
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Tras este primer éxito, el sistema fue empleado con éxito en numerosas ocasiones aunque, probablemente, no se conocen todas y ni tampoco los posibles accidentes. Oficialmente, fue utilizado en 98 misiones de recogida con un único accidente mortal. Un hombre desorientado que, una vez dentro del avión, se soltó del gancho antes de anclarse y cayó por la escotilla. En cualquier caso, el desarrollo de helicópteros con mayor autonomía y los avances en el reabastecimiento aéreo de combustible volvieron innecesario al “Skyhook”. El sistema dejó de utilizarse a finales del siglo XX.
Aún no he mencionado la película pero, después de esta explicación, comprenderéis que tenía que ser uno de los juguetitos de James Bond. En el último vídeo podéis ver su aparición al final de la película Thunderball. Mira que lo tenían fácil y, aún así, los guionistas cometieron un error de bulto que seguro que sois capaces de encontrar enseguida.
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Casi me tienta recuperar este invento como deporte de riesgo. Seguro que no me faltarían clientes para probarlo.

 
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Documentación adicional (pdf): The Praetorian Starship, Coronel Jerry L. Thingpen, Air University Press, Maxwell Air Force Base, Alabama.

Fuente Original; Amazings.es

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